sábado, 30 de noviembre de 2013

Replanteándonos la jornada laboral en México

Replanteándonos la jornada laboral en México

Por Gabriela Soberanis Madrid (*)

“No aceptes lo habitual como cosa natural, porque en tiempos de desorden, de confusión organizada, de humanidad deshumanizada, nada debe parecer natural, nada debe parecer imposible de cambiar”. Bertolt Brecht

La incorporación de tecnologías cada vez más novedosas a los centros de trabajo ha simplificado notoriamente las tareas que se realizan, dando lugar a una considerable reducción de tiempo y esfuerzo para su ejecución. Estos avances tecnológicos debieran dar como resultado una evidente disminución de la jornada laboral, pero paradójicamente, éstas no sólo no se han reducido, sino que en algunos casos incluso van en incremento.

Si hacemos un recuento breve de los beneficios que trajola Revolución Industrialhasta los que hemos obtenido conla Revolución Tecnológica, nos percataremos de que el factor común ha sido la reducción de tiempo. Enla Revolución Industrialreemplazamos con maquinaria el trabajo de los hombres con el fin de aumentar la producción y disminuir el tiempo de fabricación, y enla Revolución Tecnológicase aceleraron los avances en cuanto a tecnologías de las información dando lugar a una disminución dramática del tiempo que requerimos para comunicarnos y realizar nuestras tareas diarias. Considero que el espíritu detrás de la era de información es tener más tiempo para disfrutar de los muchos aspectos que la vida nos ofrece. Sin embargo, este propósito ha quedado sepultado por un sistema laboral obsoleto e incongruente con los avances obtenidos  hasta ahora y la expectativa de los beneficios que se deseaban alcanzar como respuesta a apremiantes necesidades económico-sociales que, en su momento, se detectaron. Estamos inmersos en una cultura laboral esclavizada y limitadora. Con poca libertad para disponer de nuestro tiempo y lo que deseamos hacer con él.

La mayoría de la gente padece las exigencias impuestas por jornadas laborales extensas, pero casi nadie las cuestiona. ¿Cómo puede una jornada de8 a10 horas diarias contribuir a una calidad de vida realmente saludable cuando el tiempo de las personas está subordinado casi exclusivamente al trabajo? El modelo económico que vivimos los países en vías de desarrollo considera a las personas básicamente como un eslabón dentro del sistema productivo y parece suprimir el derecho que tiene todo ser humano a volcar su tiempo e intereses no sólo en su trabajo.

Tradicionalmente se ha asociado una jornada laboral más extensa a una mayor *productividad. Países de primer mundo como Holanda, Alemania, Noruega y Finlandia se encuentran entre las naciones con las jornadas de trabajo más cortas, siendo éstas de un promedio de 30 horas a la semana. Por otra parte, México se encuentra a la cabeza de los países que más horas de trabajo promedian, seguido por Chile, Grecia y Hungría: un aproximado de 43 horas por semana. Lo más relevante de estas cifras es que las tasas de productividad de los países con jornadas laborales medias más breves se encuentran entre los que tienen mayor productividad por hora trabajada. Esto deja en claro que la productividad depende más de una eficiente organización del trabajo, la responsabilidad del trabajador y su competencia. Es decir, no es una cuestión de tiempo, sino de calidad.

*Casi en forma general, se entiende por productividad laboral a la relación entre los resultados obtenidos y el tiempo utilizado para obtenerlos. Desde luego, cuanto menos sea el tiempo empleado para obtener un resultado deseado, más productivo se considera un sistema, una empresa o una persona.
Por desgracia muchos empresarios en nuestro país todavía consideran que el empleado que pasa más horas en el lugar de trabajo es el que trabaja más. Nada más lejos de la verdad. Los estudios revelan la realidad: la productividad no tiene que ver con el tiempo, sino con el empleo que se hace del mismo. De hecho, existe una relación negativa entre ambos conceptos y, al trabajar más horas, se “tiende a disminuir el aprovechamiento que se hace de cada una de ellas”.

Considero necesario convertir este tema en una preocupación social. Creo que ha llegado el momento de replantearnos las jornadas laborales de ocho horas y empezar a considerar una cultura diferente. Una cultura en donde el derecho a una vida plena y con sentido esté por encima de límites de tiempo preestablecidos para el trabajo, los cuales a todas luces ni siquiera contribuyen a la productividad. El sistema laboral impuesto en nuestro país se encuentra en crisis. Desde luego a nivel económico, pero más profundamente, a nivel cultural y social.

Toda crisis reclama un cambio. Ha caducado medir el desempeño de un trabajador por el tiempo que invierte en un trabajo. Ya no tiene sentido controlar los horarios de los empleados, lo que se debe y se tiene que medir es el rendimiento, la eficiencia, las soluciones que se ofrecen como medidas de corrección, el desempeño y la optimización de recursos. Para obtener un equilibrio entre las demandas empresariales y las necesidades de los trabajadores es necesario hacer cambios de fondo en relación a la cultura laboral. Tenemos que dejar de pensar que más trabajo significa mejores resultados y que una reducción en la jornada laboral representa una caída en la producción. Es imperativo que interpretemos inteligentemente los resultados que arrojan los estudios de productividad de nuestro país comparado con otros de primer mundo.

 Un trabajo digno no sólo considera la remuneración económica del empleado, sino que al mismo tiempo promueve la salud y la seguridad, contribuye al cumplimiento y disfrute de las responsabilidades hacia la familia y reconoce el valor de la gente que trabaja por resultados.
 Aquellos empresarios que realmente desean aumentar la productividad de su empresa tienen que romper con muchos paradigmas y perder el miedo de incursionar en nuevas formas de hacer las cosas. La adecuada distribución del trabajo en cada puesto, una eficaz supervisión y la competencia de la gente es lo que permite dar resultados efectivos en términos no sólo financieros, sino también en cuanto a la innovación y el aprendizaje, la estandarización de los procesos organizacionales y la satisfacción de los clientes.
 Es momento de que todas las personas gocen del mismo derecho a enriquecer sus vidas en todo sentido y no que se les aniquile espiritualmente por la absorción que implican las jornadas laborales actuales.

gsoberanis@enfoqueintegral.org

*) Directora general de Enfoque Integral. Consultoría, capacitación y “coaching”

 http://yucatan.com.mx/editoriales/replanteandonos-la-jornada-laboral-en-mexico

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