domingo, 24 de noviembre de 2013

Años 60 definieron el rostro moderno de la educación pública

Años 60 definieron el rostro moderno de la educación pública

Miércoles, 20 de Noviembre de 2013 17:04

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En las páginas del libro Historia y Civismo se ilustran los honores a la Bandera. Foto Melitón Tapia INAH.
En las páginas del libro Historia y Civismo se ilustran los honores a la Bandera. Foto Melitón Tapia INAH.




Los años 60 del siglo XX configuraron la década que definió el rostro moderno que todavía tiene la educación pública en México, considera Joaquín Díez Canedo, director general de la Comisión Nacional de los Libros de Texto Gratuitos (Conaliteg), quien participará este jueves en una mesa redonda sobre el tema que se efectuará en el Museo del Caracol.

Con este encuentro y la apertura de la exposición titulada Un libro de texto abierto. El Museo del Caracol y la gráfica del libro de texto gratuito, la Conaliteg y la Galería de Historia del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta), se reconocen como herederas del proyecto educativo puesto en marcha durante el gobierno del presidente Adolfo López Mateos.

Todas las acciones que se articularon alrededor de este proyecto educativo integral, que abarcó desde la construcción de la infraestructura escolar y la preparación de docentes, hasta la dotación de materiales para el estudio, entre otras, giraron alrededor de lo que se denominó el Plan de Once Años, que fijó el alcance de metas claras una vez finalizada la década de los 60.

El principal objetivo era cubrir la demanda educativa en los sectores urbano y rural. No obstante, la magnitud de los logros implicaba todo un esfuerzo de la sociedad, y no sólo del sistema educativo, pues distintos factores favorecían la deserción escolar de tal manera que si en el primer grado la matrícula era de dos millones de niños inscritos, para el sexto grado esa cifra se reducía a 200 mil.

Joaquín Díez-Canedo reconoce que no se trató de una empresa fácil, de ahí que fueron convocadas importantes personalidades como Jaime Torres Bodet —quien estaba al frente de la Secretaría de Educación Pública— y el escritor Martín Luis Guzmán, quien fue el primer titular de la Conaliteg, quienes desarrollaron estrategias para darle a la educación en México el verdadero carácter de pública y gratuita.

“Martín Luis Guzmán demostró ser un gran organizador, él había sido secretario de Francisco Villa y también lo fue del presidente de la Segunda República Española, Manuel Azaña, de manera que vivió movimientos sociales intensos que despertaron en él la inquietud por impulsar aquellos factores que favorecen la cohesión de un país. Esa idea quedó reflejada en lo que fue el libro de Historia, de manera particular”, explicó Díez-Canedo.

A poco más de medio siglo de la creación de la Conaliteg y pese a los cambios históricos de país, el reconocido editor hace hincapié en que se ha logrado mantener una visión laica y científica dentro de la educación pública de nuestro país, además de incluir aspectos relativos a la educación cívica como la salud e higiene, por ejemplo.

Por su parte, la historiadora Bertha Hernández, curadora de la muestra Un libro de texto abierto —la cual estará abierta al público hasta febrero de 2014—, abunda que otro de los personajes que resultaron claves en el proyecto educativo nacional de los años 60 fue el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, quien concibió la Galería de Historia, Museo del Caracol, como un espacio introductorio a los contenidos del Museo Nacional de Historia ubicado en el Castillo de Chapultepec.

El Caracol, que cumple 53 años, significó el primer contacto de Ramírez Vázquez con el mundo de los museos, de modo que el buen término al que llegó con ese proyecto le allanó el camino para hacer una larga carrera en ese ámbito.

Bertha Hernández refiere que al estar en busca de un discurso que aludiera al vínculo entre la Galería y e Castillo de Chapultepec, el núcleo central se diseño para que apareciera como un eco del antiguo Caballero Alto del Museo Nacional de Historia. El eje helicoidal, del que la Galería obtendría su sobrenombre de “El Caracol”, partió de la necesidad de establecer un recorrido estrictamente cronológico, “con un principio, un fin y una consecuencia”.

El proyecto se resolvió a partir de los recursos más avanzados con los que se contaban en la época, sin descuidar el valor estético de la propuesta. Ramírez Vázquez interactuó con artesanos, diseñadores, artistas y museógrafos como Julio Prieto, Íker Larrauri, Mario Cirett, Apolinar Gómez, Federico Hernández Serrano y José Chávez Morado.

Los escenarios que integraron el discurso museográfico del Caracol, retrataron de este modo la emoción del recibimiento capitalino a Francisco I. Madero en 1911; el arrojo de Guillermo Prieto en el momentote salvar a Benito Juárez de los fusiles conservadores; así como la tensión de Miguel Hidalgo y Costilla y de sus seguidores a las puertas de Dolores, Hidalgo, entre otros pasajes de la historia patria.

“Se trató de una lectura de la historia que se hermanó con la gráfica de los primeros libros de texto gratuitos, que se habían comenzado a distribuir en 1960. El engranaje de ese proyecto  de enseñanza se ensambló a la perfección. El Caracol todavía ofrece una lección de historia y un fragmento de lo que fuimos hace medio siglo”, reflexiona Bertha Hernández.

 http://www.inah.gob.mx/boletines/2-actividades-academicas/6930-anos-60-definieron-el-rostro-moderno-de-la-educacion-publica

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