domingo, 20 de octubre de 2013

Un nuevo riesgo para la educación nacional

Un nuevo riesgo para la educación nacional
Enrique Calderón Alzati
 
La educación constituye el proceso de comunicación más importante que se da entre los seres humanos, a través del cual cada generación transmite a la siguiente el conocimiento que a su vez recibió de sus ancestros, enriquecido con los nuevos descubrimientos y desarrollos logrados por ella.
 
Por ello, cualquier innovación tecnológica que incide en los procesos de comunicación, termina incidiendo también en los procesos educativos.
Así sucedió con la escritura, creada a partir de la necesidad de algunos seres humanos de llevar un registro de las cuentas y cómputos realizados en torno a operaciones de intercambio de mercancías, convirtiéndose más pronto que tarde en un medio para dejar mensajes en torno a los temas más diversos y, con ello, en el gran mecanismo para transmitir el conocimiento y las experiencias acumuladas.

Así sucedió también con la imprenta, que permitió a grupos crecientes de individuos conocer las grandes obras literarias y los libros que, con el tiempo, fueron difundiendo el conocimiento por todo el planeta y que dieron origen a los grandes movimientos sociales y culturales de la época moderna.
Durante la primera mitad del siglo XX, el cine, la radio y la televisión se convirtieron en nuevas formas de comunicación capaces de llevar el conocimiento de lo que sucedía en todo el mundo en cuestión de horas o días, lo que antes tomaba meses y años, generando un nuevo potencial de transformación, que pronto comenzó a incidir en la educación y en la cultura, adoptando formas inéditas de transmitir el conocimiento y de incidir en el comportamiento de la sociedad y de las personas en lo individual (por cierto, no siempre de manera positiva).

A partir de 1960, la computación electrónica, concebida primero para resolver problemas científicos y matemáticos de gran complejidad, se transformó en un recurso para manejar grandes volúmenes de datos y realizar procesos masivos de información en los grandes bancos e instituciones de gobierno; en la década de 1970 dio un nuevo giro con el fin de alcanzar a miles y quizás millones de organizaciones más pequeñas para automatizar su administración y algunos de sus procesos sustantivos, lo cual representó un enorme incremento en el número de computadoras vendidas e instaladas a escala mundial.
Para 1980, la aparición de los microprocesadores y de las computadoras personales permitió llevar la computación a millares de hogares, convirtiendo a todos los seres humanos en usuarios potenciales de la computación, la cual comenzó a ser utilizada en todas las actividades humanas y, de manera específica, en las relacionadas con las comunicaciones.

Otro de los desarrollos impactantes para la sociedad fue la aparición y evolución de las capacidades gráficas de las computadoras, en total sincronía con las enormes capacidades visuales que los seres humanos tienen junto con el lenguaje, que constituyen sus principales herramientas para el aprendizaje, mucho antes de ir a la escuela.

Adicionalmente, las facilidades implícitas en la computación gráfica hicieron del computador un poderoso amplificador de las capacidades intelectuales humanas, lo cual les permite ampliar su influencia en los procesos educativos.
Es por ello que no resulta extraño que las computadoras constituyan hoy, junto con los dispositivos digitales móviles surgidos a partir de ellas, objetos de interés creciente y de especial importancia para la educación, en la mayor parte de los países, en donde se están realizando enormes esfuerzos en torno a proyectos tecnológicos, orientados a integrar las tecnologías digitales a la educación.
Esto para elevar los niveles de interés, de conocimientos y de competencias, por parte de estudiantes y profesores, descubriendo que los conceptos y procesos que tomaban semanas o meses de enseñanza, pueden hacerse ahora en minutos gracias a las facilidades que ofrece la tecnología.

En nuestro país estamos corriendo hoy un enorme riesgo al no contar con un proyecto tecnológico nacional en torno a la integración de las nuevas tecnologías digitales para la educación; en cambio, se están buscando y trayendo proyectos de otros países para aplicarlos al nuestro. Tal fue el caso del gobierno de Felipe Calderón, que ignoró los proyectos que existen en nuestro país de educación a distancia y prefirió utilizar los servicios de una universidad española para traer su metodología educativa y preparar a maestros de nuestro sistema.

No sé qué tanto se logró con ese esfuerzo, pero no es el único caso de este tipo. De hecho para los recursos económicos que se requieren en este tipo de proyectos, nuestro país se puede convertir en un enorme mercado receptor de proyectos y, sobre todo, contenidos educativos extranjeros, que vengan a tratar de decirnos lo que debemos saber y cómo lo debemos enseñar y aprender.
Para ello, la estrategia que esas empresas están siguiendo es contratar a juniors mexicanos, preferentemente educados en el extranjero e hijos de altos funcionarios o ex funcionarios de gobierno, para realizar tareas de cabildeo de alto nivel para introducir sus productos y sus metodologías.

Cuando analizamos el proyecto de habilidades digitales del gobierno pasado, al cual le fueron entregadas enormes sumas de dinero para la instrumentación de programas de incorporación de la tecnología a los sistemas educativos de los estados, nos encontramos simples erogaciones para comprar computadoras, sin ningún proyecto integral en cuanto al desarrollo de contenidos, ni de preparación de los profesores para emplearlos.

Esto dio como resultado que la mayor parte de las escuelas tengan instaladas computadoras sin contenidos educativos relacionados con la enseñanza de la ciencia, incluyendo a las matemáticas, la física, la química, la biología, la geografía, la historia y el lenguaje. Si los hay, estos contenidos y programas de software serán, sin duda, de origen extranjero.

Desafortunadamente, el actual gobierno no ha dado señales de ir más lejos y ello terminará conformando un error muy grave para nuestro futuro, fortaleciendo la idea de que los mexicanos somos incapaces de desarrollar nuestra propia tecnología y sin posibilidades de realizar desarrollos que nos permitan mejorar los niveles educativos de los niños y jóvenes mexicanos en condiciones de equidad.

 http://www.jornada.unam.mx/2013/10/19/opinion/019a1pol

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